
El eucalipto es enorme y se ve casi desde cualquier lugar del pueblo.
Su proximidad a la carretera y la ausencia casi total de otros árboles cercanos le hacen más visible y muestran su extraordinaria capacidad de adaptación al medio.


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El santuario de Lugás se encuentra en la población Lugás, a pocos quilómetros de Villaviciosa. Se sale de la villa por la AS 255 y en seguida vemos la indicación al santuario a la izquierda de la carretera.

En él se encuentran reunidos una extraordinaria variedad de árboles, algunos de ellos de dimensiones considerables. Destacan por la cantidad y tamaño los robles, pero también podemos ver un impresionante eucalipto, el famoso tejo, laureles, algún madroño, mimosas, boj, avellanos, cipreses, acebos y algún castaño de indias.





Todo un espectáculo en muy pocos metros cuadrados.


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Junto a la iglesia de Caravia Alta hay dos pequeños tejos y una enorme tuya, pero lo que más nos llama la atención de este lugar es la finca “Las Mieres” que se encuentra justo al lado.
No nos atrevimos a entrar (un fiero guardián, para unos, un simpático perrito para otros y, fundamentalmente nuestra timidez nos lo impidieron), pero lo que vimos desde fuera fue suficiente para quedar impresionados: tejos, robles, un eucalipto fantástico y, al fondo del maizal la casa palacio.


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Eucaliptos de Deva (Gijón)

Dicen que dos de los más antiguos de Asturias se encuentran aquí. En la finca próxima a la ermita de la Peña de Francia.

No he podido entrar a verlos de cerca (cosas de la propiedad privada) y aunque los “ocalitos” no tienen muy buena fama en Asturias, aunque son unos “recién llegados”, aunque, en la mayoría de los casos, constituyen auténticas plantaciones cultivadas, aunque no tienen la alcurnia del roble, o del haya, o del tejo, aunque hubo un tiempo (ahora afortunadamente algo pasado) en que, por intereses económicos (¿para la economía de quién?) estuvieron en la boca crítica de ecologistas y amantes de la naturaleza por el peligro que suponen para los ecosistemas tradicionales…, pese a todo ello, estos dos son merecedores de la admiración y respeto que a todo ser vivo conviene y más cuando se llega a representar tan dignamente a una especie.
El vecino comenta que andan cerca de los 190 años y que cuando él era niño, hacia 1940, las ramas llegaban hasta el tejado de las casas cercanas. Luego se quebraron por su peso y el aire
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Parecen esperar a que termine su digestión para meterse en el agua.
Y su espera se está haciendo un poco larga. Puede que nadie les haya dicho que los árboles “no hacen la digestión”.

Y menos los árboles forasteros. Porque los eucaliptos (“ocalitos non”) en Asturias son forasteros, al lado de robles, castaños, hayas y demás.

Ya, ya, diría el eucalipto si pudiera hablar, aquí me gustaría a mí ver a un roble con toda su alcurnia.

Estos viejos árboles, guardianes de la playa, son la única presencia arbórea (y casi vegetal) en el arenal. La vista pasa de ellos a la isla que da nombre al lugar y al pueblo y luego busca en la lejanía otras playas, otros pueblos, otros tiempos.

Testigos mudos
Sueños de gigantes
Compañeros
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