CASTAÑAR DE MURIELLOS (Quirós)
La carretera que sube desde Barzana a Muriellos atraviesa un castañar recuerdo de lo que fue la zona antes de la llegada del cemento.

Imagino a los habitantes de los pueblos de los alrededores bajando a la villa con sus cestos y atravesando por estrechos atajos el bosque para llegar antes al mercado, a la fiesta o simplemente o a coger el Alsa para ir a Oviedo.

En algunos de sus tramos los árboles ocultan casi totalmente la luz y la mente del viajero viaja también a otros lugares de leyenda, donde seres extraños espían tras los troncos al temeroso caminante, con el ánimo de asustarle o causarle algún perjuicio.

Imagino también el sentimiento del antiguo viajero cuando, tras salir a la luz, respira aliviado y ahuyenta sus infantiles temores volviendo a pensar en la mejor manera de resolver los asuntos que le han obligado a desplazarse hasta la villa.

Incluso hoy, por la tranquila carretera el caminante puede tener algunos atisbos de sentimientos parecidos. Observando al borde de la carretera los impresionante castaños, mojones naturales que durante cientos de años han guiado al caminantes, y mirando un poco más allá, hacia la espesura, donde el moderno viajero también oye ruidos de ramas que golpean el suelo, de hojas que hablan entre ellas, de aves que se buscan y otros sonidos que ya no proceden del exterior si no de él mismo.

Algo es seguro, aun hoy en día, los antiguos castaños nos muestran no sólo el camino de la luz, de la salida, del futuro, sino también la senda de la paciencia, de la resistencia y de la final resignación que sólo se adquiere con los años.


